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Neurovínculo sagrado madre-hijo

Actualizado: hace 2 días


Escrito por: Ernesto Munive


El vínculo más fuerte y maravilloso que existe en la naturaleza se produce en el vientre materno, cuando dos células se unen en el mas íntimo acto de amor para crear la vida de un nuevo ser que lo llamará hijo o hija.


Nace en ese mismo instante una esperanza, una ilusión, un sueño al que su madre habrá de aferrarse y al que lo alimentará día a día, minuto a minuto, a cada segundo. A través de un puente mágico envía a su hijo/a todas las sustancias, nutrientes y vitaminas a modo de alimento sagrado que mantiene la vida en el nuevo ser, pero también comparte toda la información y carga genética que será parte de su propia individualidad, su organismo y estructura funcional.


Los órganos de este pequeño ser, sus sistemas y extremidades comienzan a tomar forma, pero el milagro más asombroso ocurre en su cerebro cuando éste empieza a desarrollarse y sus células reciben información del entorno a través de todo lo que le ocurre a la madre, todo lo que ella piensa, siente y actúa, influyendo de manera directa en su bebé. Esto es lo que se llama transferencia genética transgeneracional.


Así, al cabo de nueve meses salimos al mundo exterior con mucha información biogenética, con un cerebro que al momento de nacer, ya contiene aproximadamente 100.000 millones de neuronas y se estima que ya existen más o menos 253 millones de conexiones neuronales preestablecidas, además de contar con una infinita capacidad para asimilar experiencias, especialmente, aquellas que sucedan en los primeros años de vida. El puente mágico que nos unía a nuestra madre se ha roto, sin embargo, el vínculo permanece para siempre.

Somos lo que somos gracias a nuestra madre y a todo lo que ella pudo darnos durante el tiempo que permanecimos en su vientre. Si recibimos mucho o recibimos poco es porque eso era todo lo que ella tenía para dar, igual, nos lo dio todo e hizo lo que debía hacer. Cualquier madre habría hecho exactamente lo mismo con los recursos que tenía en ese momento y con lo que ella sabía al respecto.


No debemos dudar que para una mujer un hijo es la máxima expresión del amor y sacrificio humano. Así que todos nosotros en gran parte somos lo que somos gracias a un maravilloso ser que nos cuidó y alimentó durante todo el proceso de crecimiento y transformación, dándonos lo mejor de sí. Somos producto de un vínculo sagrado y maravilloso que la naturaleza diera lugar en lo más profundo del vientre de nuestra madre y si ahora somos lo que somos, pensamos, sentimos y vivimos, es gracias a su incondicional amor, y es así como se formó este vínculo, que a pesar de cualquier circunstancia negativa o distancia tiempo espacio, siempre va a durar para toda la vida. ¡Feliz día a todas las madres del mundo!


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